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TRANSPARENT AWARENESS · ES

RÉPLICA

Si tu copia sigue viviendo, ¿has escapado de la muerte?

Si se crea, mientras tú aún sigues con vida, una réplica convincente que recuerda tu vida y posee tu personalidad, ¿qué pruebas concretas justificarían concluir que la continuidad de tu propia experiencia de estar vivo se ha preservado realmente, en vez de haber sido simplemente simulada o sustituida?

Imagina que el procedimiento ha funcionado.

Una persona con tu rostro está sentada frente a ti. Recuerda la cocina en la que creciste, a la persona a la que no perdonaste y la frase que nunca has pronunciado en voz alta. Sabe por qué cierta canción hace que dejes de hablar. Cuando alguien pronuncia tu nombre, ambos giran la cabeza.

Para este experimento mental, concedamos a los investigadores todo lo que afirman haber reproducido: tu cuerpo, tu cerebro, tus recuerdos, tus hábitos y los más pequeños detalles reconocibles de tu personalidad. Dejemos de lado las dificultades técnicas. Que la copia sea tan convincente como lo exige la promesa.

Ahora mira al otro lado de la habitación.

Tú sigues aquí.

No has empezado a ver a través de esos otros ojos. Si la persona que tienes enfrente sale de la habitación, no experimentas automáticamente lo que le ocurra fuera. Puedes permanecer sentado mientras se aleja llevando consigo una infancia que tú recuerdas haber vivido.

¿Cuál de los dos se ha vuelto inmortal?

La pregunta surge antes de que la muerte entre en la habitación. Ha aparecido un segundo ser, pero tu experiencia no se ha trasladado de forma perceptible de un cuerpo a otro. El éxito de la reproducción ha dejado sin resolver la cuestión de tu supervivencia.

Si mueres mañana y la copia permanece, habrá alguien que recuerde tu vida. Tu familia quizá reconozca tus gestos. Tu trabajo inconcluso podría continuar. La persona que amaste podría oír la voz que creía haber perdido. Nada de eso sería insignificante. Para alguien en duelo, podría significar más de lo que cualquier distinción filosófica puede abarcar con facilidad.

Pero quien se enfrenta a la muerte tiene derecho a plantear una pregunta más precisa:

¿Seguiré viviendo yo, o seguirá viviendo alguien que cree ser yo?

La copia podría responder con total sinceridad. Podría recordar haber aceptado el procedimiento y haber entrado en la habitación con la expectativa de despertar después. Desde su perspectiva, la historia podría parecer ininterrumpida. Sin embargo, el original, todavía sentado frente a ella, podría relatar con la misma sinceridad que sigue existiendo.

Un mismo pasado recordado pertenecería ahora a dos vidas que avanzan en direcciones diferentes. En ambos relatos habría continuidad psicológica. La pregunta que el procedimiento aún tendría que responder es si esa continuidad convierte alguna de esas vidas en la continuación de un mismo sujeto concreto. Hacer desaparecer después al original no aportaría, por sí solo, la respuesta que falta.

Aquí es donde la expresión «sí mismo» cobra importancia para mí.

Con ella me refiero a la esencia de la persona: el alma. Creo que el ser humano posee una realidad interior que no se agota en una descripción reproducible de su cuerpo y sus recuerdos. Reconozco que esto es una creencia metafísica. No puedo presentarla como algo que estos experimentos imaginados ya hayan demostrado.

Aun así, una descripción de todo lo que sabemos reproducir podría dejar algo fuera. Llamar al resultado «copia completa» no aclara qué abarca esa totalidad. ¿Qué se ha medido? ¿Qué se ha dado por supuesto? ¿Se ha reproducido a la persona, o se han reproducido los rasgos por los que los demás la reconocen?

Quien crea que la organización física adecuada bastaría para recrear a la persona entera puede aportar esa idea al debate. Mi creencia en el alma también tiene cabida en él, con sus supuestos a la vista. La dificultad comienza cuando cualquiera de las dos posiciones se oculta en el lenguaje de un hecho técnico consumado.

No me opongo a las investigaciones que puedan profundizar nuestra comprensión del cuerpo, el cerebro y la memoria. Comprender cómo funciona algo puede aliviar el sufrimiento y abrir posibilidades que todavía no podemos imaginar. Mi pregunta se refiere a lo que un resultado exitoso nos permitiría concluir, especialmente cuando esa conclusión se ofrece a alguien que tiene miedo de morir.

También sospecho que estas investigaciones podrían encontrarse con algo que nunca se propusieron encontrar.

Imaginemos a unos investigadores que producen lo que consideran una réplica humana completa y luego se topan con una diferencia persistente que no pueden explicar. Buscan un error en el proceso, una condición que pasaron por alto o un elemento que falta. Mejoran la reproducción. La diferencia permanece. Con el tiempo, la investigación empieza a poner en cuestión su comprensión de lo que es un ser humano.

Creo que es posible que buscar el fallo en la copia conduzca al descubrimiento del alma. Los investigadores se habrían propuesto reproducir a una persona. El descubrimiento inesperado surgiría al preguntarse por qué no lo habían logrado en el sentido que esperaban.

Esa posibilidad es una creencia sobre lo que una investigación podría revelar. Una diferencia, por sí sola, no demostraría su causa. Las omisiones técnicas, el desarrollo, el entorno y otras explicaciones aún tendrían que examinarse. También tendríamos que preguntarnos qué observación permitiría distinguir la ausencia de un alma de una descripción incompleta del cuerpo. Sin esa pregunta, «el alma que falta» podría convertirse simplemente en un nombre para todo lo que sigue sin explicación.

Pero un resultado sin explicar merecería ser investigado, incluso si perturbara los supuestos que hicieron posible el proyecto. Hay espacio para el descubrimiento entre declarar que se ha demostrado la existencia del alma y decidir de antemano que nunca podría encontrarse nada que se parezca a ella.

La presión por cerrar ese espacio podría hacerse especialmente fuerte cuando la inmortalidad se convierta en algo que vender.

Pensemos en quien la compra. Quizá quiera ver cómo sus hijos se hacen mayores, cumplir una promesa o permanecer junto a alguien a quien ama. Su deseo es comprensible. También es lo bastante poderoso como para que el significado de la oferta importe enormemente.

¿Qué garantizaría exactamente esa compra? ¿Un ser vivo con tus recuerdos? ¿Una continuación reconocible para tu familia? ¿O tu propia experiencia de seguir vivo?

Esas promesas exigirían pruebas distintas. Una empresa que pudiera demostrar lo primero podría tener, sin embargo, interés en dejar que sus clientes creyeran que han comprado lo último. Estoy describiendo un posible conflicto de intereses, no afirmando que tenga pruebas de un engaño que ya esté ocurriendo. La pregunta es si el lenguaje de la supervivencia podría resultar más rentable que reconocer los límites de lo que realmente se ha demostrado.

Surgen más preguntas si una futura tecnología permite intervenir en los recuerdos, las disposiciones o el comportamiento de la réplica. ¿Quién tendría acceso? ¿Qué cambios requerirían consentimiento? ¿Podría negarse la réplica? ¿Dejaría la intervención algún rastro que un observador independiente pudiera examinar? Si un cambio alterara también los recuerdos a través de los cuales la réplica comprende sus propias decisiones, ¿cómo reconocería lo que ha sucedido?

El control encubierto sería difícil de investigar precisamente porque el ocultamiento dificulta la obtención de pruebas. Eso no hace que toda sospecha sea cierta. Hace que el acceso a la información, el examen independiente y la posibilidad de cuestionar una explicación sean esenciales para cualquier promesa creíble.

Temo que algo presentado como la liberación de una persona de la muerte pueda convertirse en un medio para producir réplicas orgánicas al servicio de los intereses de otros. Si el alma no puede reproducirse, un cuerpo exteriormente convincente podría ser considerado la persona misma, aun careciendo de lo que creo que la hace ser quien es. Al cliente se le podría prometer la eternidad mientras un tercero adquiriera influencia sobre lo que siguiera existiendo bajo su nombre.

No puedo convertir ese temor en un hecho constatado. Tampoco la posibilidad de control demuestra que falte un alma. El ser humano original también puede ser manipulado. Seguiríamos teniendo que preguntar qué experimenta la réplica, si puede sufrir y qué obligaciones crea su existencia. La incertidumbre sobre su vida interior no nos permitiría tratarla sin reparos como un aparato.

Volvamos a la habitación.

La persona que tienes enfrente recuerda haber estado en brazos de tu madre. Quizá tienda la mano hacia la suya con un sentimiento tan profundo como el tuyo. Quizá le falte algo esencial. El parecido, por sí solo, no permite decidir entre esas posibilidades, y tu creencia, por sí sola, no permite determinar lo que sucede en su interior.

Pero todavía puedes preguntar qué te ha pasado a ti.

Si la promesa es que tu propia vida continuará, la existencia de alguien que la recuerda no puede ser toda la demostración. La aparición de un segundo rostro familiar deja sin respuesta precisamente aquello que la persona que se enfrenta a la muerte más quiere saber.

Tu copia abre los ojos.

¿Qué razones tienes para creer que alguna vez verás a través de ellos?

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