¿Qué impacto filosófico y psicológico tiene el trato a las personas basado en expectativas y potencial?
Tratar a las personas no como son, sino como queremos que sean, es la forma de violencia más elegante y destructiva en las relaciones humanas modernas. Rechaza la realidad de la persona que tenemos delante, completa con su carne, huesos, traumas y caos; en cambio, la vestimos con la plantilla ideal de nuestra propia mente. Filosóficamente, esto es despojar a "El Otro" de su libertad y reducirlo a un objeto, un mero extra en nuestra propia obra. No escuchamos a la otra persona; solo escuchamos nuestro propio eco.
Psicológicamente, este comportamiento tiene sus raíces en el miedo y la proyección. Debido a que enfrentar la realidad y la naturaleza imperfecta de la humanidad es agotador, nuestras mentes desarrollan un mecanismo de defensa. Vemos a nuestra pareja, hijo o amigo como un "salvador" o "plantilla impecable" para cubrir nuestras propias deficiencias. La inmensa ira que sentimos cuando nuestras expectativas no se cumplen no está realmente dirigida a ellos, sino al colapso de la ilusión que construimos. Sociológicamente, la sociedad sobrevive gracias a este mecanismo de expectativa. Las personas son tratadas no según su potencial o quienes son, sino según los roles que se supone que deben cumplir, como "buen ciudadano" o "empleado dócil". Después de un tiempo, el individuo internaliza esta etiqueta asignada por la sociedad y se transforma en esa ficción.
Sin embargo, hay otra cara de esta moneda: usar este mecanismo no de forma egoísta, sino para el bien de la otra persona. Como dijo Goethe, "Si tratas a un individuo como es, permanecerá como es. Pero si lo tratas como si fuera lo que debería ser y podría ser, se convertirá en lo que debería ser y podría ser. " Este fenómeno, conocido como el Efecto Pigmalión, puede desatar un potencial oculto en la oscuridad. Tratar a alguien que ha experimentado un trauma o ha perdido su autoconfianza viendo la versión "fuerte" dentro de ellos es como lanzarles un salvavidas. Esa plantilla fuerte que creas en tu mente se convierte en una inspiración que se esfuerzan por alcanzar.
Sin embargo, incluso esta expectativa bien intencionada contiene un veneno oculto. Cuando te acercas constantemente a alguien a través de un modelo "perfecto" o "inmensamente fuerte", esa persona se aterroriza de cometer errores; forzada a ocultar su realidad agotada, es arrastrada al Burnout y al Síndrome del Impostor. Tú, por otro lado, corres el riesgo de convertirlos en un "proyecto de sanación" (Complejo de Salvador) para tu propia satisfacción. En última instancia, tratar a las personas basándose en su potencial es como iluminar una cueva oscura. Si sostienes la luz como una linterna guía, la otra persona encontrará la salida; pero si proyectas esa luz directamente en sus ojos como un foco cegador, los separas de su propia realidad y los paralizas bajo el peso de la expectativa. La clave es recordar amar a la persona que son, mientras les muestras la persona que crees que pueden llegar a ser.