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¿Comprar o no comprar?

3 min


¿Por qué compramos cosas que no necesitamos?

Cuando caminas por la calle y piensas en por qué las personas compran ciertas cosas o eligen ciertas marcas, notarás que a menudo hay razones ocultas detrás de estas elecciones. Porque las personas no solo están comprando un “producto”; también están enviando mensajes al mundo sobre quiénes son, qué tipo de persona quieren ser y dónde se encuentran. Por ejemplo, cuando alguien compra un reloj caro, rara vez es solo para saber la hora. Están señalando a los demás: “Soy importante, tengo valor.” Esto se llama señalización de estatus social. Si llevan ese reloj de una manera que asegura que otros lo noten—colocándolo en la mesa de manera prominente, exhibiéndolo—entonces ya no se trata de necesidad, sino de exhibición. Esto es consumo ostentoso. Algunos productos incluso se venden más a medida que aumenta su precio. Las personas asumen: “Si es caro, debe ser mejor o más prestigioso.” Este es el efecto Veblen. Después de comprar algo caro, una persona comienza a mirar a los demás: “¿Es su teléfono más nuevo?” “¿Es su coche mejor?” Los humanos evalúan constantemente a sí mismos comparándose con los demás. Esta es la comparación social. Alguien podría entonces usar su producto de una manera determinada para moldear cómo aparecen ante los demás. Ese comportamiento es gestión de impresiones. Con el tiempo, ciertos artículos dejan de ser solo objetos y se convierten en símbolos. Un coche, un teléfono o una marca pueden llegar a representar prestigio en la mente de las personas. Este valor invisible es capital simbólico. A veces, una persona utiliza un producto para expresar su identidad: “Esto es quien soy,” “Pertenezco a este grupo.” Esta es la señalización de identidad. Las personas también tienen un profundo deseo interno de pertenecer a una comunidad. No sentirse solo, sentirse aceptado—esto trae consuelo emocional. Esta es la necesidad de pertenencia. Y de vez en cuando, las personas se sienten inadecuadas y tratan de llenar ese vacío interno con cosas externas: buscando aprobación, queriendo más “me gusta”, queriendo sentirse valorados. Este mecanismo interno es la regulación de la autoestima. Las empresas saben esto muy bien. Usan frases como “Solo quedan 50,” “Stock limitado,” “Edición exclusiva” para empujar a las personas a tomar decisiones rápidas. Esta es la estrategia de escasez. Algunas marcas no solo venden un producto—venden un sueño: “Si compras de nosotros, serás parte de un mundo elite.” Esta es una identidad de marca aspiracional. Y al final, muchas personas intentan parecer más exitosas, más poderosas o más prestigiosas de lo que realmente son. Esto se convierte en una ilusión de estatus externo. En resumen—Un reloj, un teléfono, un coche, una marca… Estos a menudo no son solo objetos. Sin darse cuenta, las personas los utilizan para mostrar estatus, exhibirse, compararse con los demás, expresar identidad, buscar pertenencia, reparar la autoestima, perseguir artículos limitados, comprar sueños y parecer “más altos” de lo que realmente son. Estas son partes naturales de ser humano. Pero ser consciente de ellas es el primer paso para ganar control sobre estos comportamientos.

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